Sobremesa postcapitalista
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| Duelo a garrotazos. Francisco de Goya, 1820. |
Cambiar el sistema desde dentro no es posible
En nuestro entorno inmediato hay tres ejemplos muy claros de fracaso. El primero reside en los años de mandato de Ada Colau, quien llegó a la alcaldía de Barcelona el año 2015 con una batería de propuestas para resolver la crisis habitacional. Ella y su equipo proponían un modelo de ciudad "distinto". Recuerdo su lucha contra el Congreso Mundial de Telefonía Móvil, (el "Mobile World Congress"), y sus campañas defendiendo el acceso a una vivienda digna y asequible. Sin embargo, dejaría la alcaldía en 2023, con muchos aciertos en su gestión, pero también con grandes decepciones. No solo el problema de la vivienda quedó sin resolver, sino que la ciudad afronta en 2026 una crisis habitacional todavía mucho mayor, y ha cronificado otros asuntos de índole social. Por supuesto, el Mobile World Congress todavía existe.
Otro ejemplo en nuestra historia reciente es el movimiento "15M". En el año 2011, frente a una situación económica y política muy compleja, el hartazgo y hastío de una parte de la sociedad (especialmente los jóvenes) se manifestó a través de acampadas en las plazas de las principales ciudades de España. De aquellas manifestaciones nacen distintas asambleas y grupos organizados que acabarán conformando partidos políticos como Podemos. Finalmente, el partido pasaría a formar parte del sistema político español y quedaría institucionalizado, siendo absorbido por el sistema. Si bien es cierto que Podemos y otros partidos afines han logrado mejoras sociales, esto se ha hecho a costa de pacificar su discurso antisistema, muchas renuncias y asumir que la asimilación era un proceso sin remedio.
Finalmente, en el contexto político de Catalunya la CUP se erige como un partido con la aparente voluntad de cambiar el sistema: "La CUP es una organización nítidamente socialista y tiene el objetivo de sustituir el modelo socioeconómico capitalista por uno nuevo.", dicen en su página web. Sin embargo, el partido existe (según dicen en la web) desde 1988 bajo distintas formulaciones y, desde su nacimiento, no ha generado ningún cambio sistémico real.
El asunto aquí, en el fondo, no es el fracaso de las distintas iniciativas políticas, sino observar los mecanismos que el sistema tiene para amortiguar, canalizar y finalmente absorber la disidencia. Se trata de un proceso de disolución de estos proyectos políticos para asegurar que no se produce ningún cambio real. Todo está previsto. Incluso cuando estos mecanismos "blandos" de protección del sistema fallan, y parece que alguna de estas propuestas políticas puede prosperar lo suficiente como para provocar un cambio real, se activan otros mecanismos: presión económica, crisis en los mercados, desconfianza, prima de riesgo, o violencia y juego sucio, judicialización, investigaciones parapoliciales y todo tipo de mecanismos de vigilancia, control y eliminación. Para observar todo esto, basta un análisis frío del proceso independentista catalán.
No hay alternativa real
Recupero el caso de la CUP porque, a mi parecer, es un partido político que se posiciona como alternativa de sistema. Es decir: más allá de ser una opción política y de voto, buscan un cambio radical en el orden social y las lógicas económicas."La CUP es una organización nítidamente socialista y tiene el objetivo de sustituir el modelo socioeconómico capitalista por uno nuevo, centrado en los colectivos humanos y el respeto al medio ambiente. Trabaja para dibujar un modelo económico y territorial para los Països Catalans (Países Catalanes) al servicio de la clase trabajadora, opuesto al de la patronal y el Estado, así como para volver a tener espacios de encuentro de la unidad popular para construir conjuntamente alternativas arraigadas y territorializadas." (extraído del sitio web de la CUP: https://cup.cat/que-es-la-cup/#que-es).
El párrafo, extraído de su sitio web, es toda una declaración de intenciones, y uno puede estar más o menos de acuerdo con ella, pero dicha propuesta no se materializa en nada concreto. ¿Cuál es la alternativa que proponen? ¿Por qué se oponen al Estado? ¿Qué significa socialismo? ¿Qué significa para ellos la redistribución de la riqueza? ¿Cómo será posible tal redistribución si se acaba con el sistema ecońomico actual? Duele la falta de concreción con la que algunos partidos políticos expresan su disidencia. Pero lo que realmente es impactante, es observar cómo estos mismos partidos han decidido formar parte del sistema y, de un modo incluso naif quieren cambiarlo desde dentro. Al ritmo que la CUP y otros partidos logran impulsar sus política de cambio, incluso aceptando que cada año logren pequeños cambios reales, lograr un cambio tan radical como el propuesto en su declaración de intenciones llevaría siglos.

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